La vorágine de la información electoral en agosto evidenció un incremento del debate público en redes sociales, con la radicalización de posturas, a través de la difusión de bulos.

Fabiola Chambi/ Jesús Vargas
Observatorio de Desinformación Electoral
Durante el mes de agosto, los contenidos sobre el proceso electoral se incrementaron y con el resultado definido para el balotaje, las interacciones en redes sociales derivaron en una polarización hacia dos opciones políticas: Alianza Libre y el Partido Demócrata Cristiano (PDC). Una ola de bulos fue direccionada a los candidatos a presidente y vicepresidente.
El monitoreo de Bolivia Verifica, durante siete meses y medio, identificó que aproximadamente 7 de cada 10 contenidos analizados estaban directamente relacionados con el proceso electoral y la mayoría fueron fabricados o manipulados.
En contexto electoral, la información fluye de manera más sesgada, generando una zona de confort que valida una propia visión e impide hacer frente a perspectivas diferentes, las “cámaras de eco” que tuvieron esta incidencia en el ecosistema digital boliviano.
Una cámara de eco es un entorno comunicacional en el que las personas solo reciben, consumen o intercambian información que confirma sus creencias previas, mientras se bloquea, ignora o desacredita cualquier punto de vista contrario.
En el ecosistema digital boliviano se identificaron las siguientes tendencias:
- Bombardeo y saturación de información, por lo general sin filtro.
- Campañas de desprestigio contra candidatos y propuestas electorales.
- Amplificación de contenidos que refuerzan una narrativa única y con carga de desinformación.
En el primer caso, la difusión de videos ha generado una vorágine de información, pues al tener una narrativa atractiva se hace fácil para los usuarios compartirlos prescindiendo de cualquier filtro. Uno de estos circuló en TikTok y mostraba cómo papeletas electorales marcadas a favor de Eduardo del Castillo del Movimiento Al Socialismo (MAS) y Andrónico Rodríguez Ledezma de Alianza Popular (AP) fueron quemadas. El material era falso, pero se hizo viral.
En el segundo caso, uno de los métodos desinformantes más recurrentes fue la fabricación de mentiras sobre las historias de vida y el pasado político de los candidatos; en muchos casos, atribuyendo falsas afirmaciones o inventando alianzas políticas determinantes en su carrera proselitista. También se identificaron ataques o tergiversaciones de las propuestas de campaña.
El candidato Jorge Tuto Quiroga Ramírez de Alianza Libre estuvo en el ojo de la desinformación con un contenido falso que aseguraba que quitaría el bono a los adultos mayores para destinarlo a los jóvenes. Por otro lado, el candidato Rodrigo Paz Pereira del PDC fue señalado como “extranjero”, una condición que le “impediría” postular, según denuncias difundidas en diferentes redes. Pero la acusación es falsa, pues sí cuenta con nacionalidad boliviana y ese requisito lo habilita. Como estos, varios contenidos desinformantes fueron analizados por el Observatorio durante agosto.
En el tercer caso, identificamos, por ejemplo, una táctica muy recurrente: la difusión de encuestas falsas y manipuladas, con el objetivo de influir en la intención de voto. Cuentas específicas como Kawsachun Coca y Atlas Electoral operaron con sello de desinformación emitiendo contenidos para crear una percepción favorable al expresidente Evo Morales Ayma, quien impulsaba el voto nulo. Los bulos se movían en cadenas y a través de círculos cercanos a la tendencia política que representaba, para luego masificarse en otras plataformas.
Las cámaras de eco se constituyen en un peligro para el pensamiento crítico, pues al establecer espacios cerrados magnifican fácilmente los contenidos y los alejan de la refutación. Si la verificación no puede llegar es más fácil que las narrativas desinformantes se instalen en el debate público.
Según la experta colombiana en verificación electoral, Ana María Saavedra, “las cámaras de eco hacen parte de este ecosistema digital de la desinformación y de la polarización porque las priorizan los algoritmos y por nosotros mismos porque decidimos no salir de esas burbujas. Y es ahí donde los desinformadores aprovechan porque estamos más expuestos a lo que nos genera emociones, rabia, miedo, básicamente lo que ratifica nuestro sesgo”.
En estos casos, el video fue el formato más utilizado para difundir este tipo de contenidos. Imágenes acompañadas de texto con el logotipo o la línea gráfica de medios de comunicación tradicionales fueron empleadas para generar desinformación. También circularon audios para inculpar a candidatos o políticos, si bien la cantidad de este tipo de materiales fue menor, su impacto tuvo mayor alcance en la imagen y prestigio de los frentes, pero especialmente de los propios candidatos.
El riesgo de la polarización
Con la definición de un inédito balotaje para el 19 de octubre, el debate público se concentró en dos opciones políticas y la desinformación apuntó a los candidatos a presidente y vicepresidente. La sorpresa del triunfo en primera vuelta del binomio de Rodrigo Paz- Edmand Lara generó una ola de bulos hacia los representantes del PDC.
Para la politóloga Ana Velasco “las segundas vueltas, por lo general, son polarizantes y la gente se siente un poco obligada a tomar un bando o el otro (…). Algunos ven polarización solo cuando hay conflicto, insulto o discurso de odio. Pero la polarización divide entre buenos y malos, los que están del lado correcto e incorrecto de la historia”.
Sin embargo, la experta considera que en este momento previo al balotaje existe una “tregua de polarización emocional” porque la ciudadanía está depositando sus esperanzas para solucionar los problemas del país, en el día en que se conozca al nuevo mandatario. La pregunta es qué pasará después, porque el problema es tan profundo que no tendrá una solución rápida. “El trasfondo económico se va a instalar con dolorosas consecuencias y se va a interpretar de forma polarizante”, añade.
Velasco plantea un escenario con las dos opciones políticas, según narrativas ya instaladas. “Si gana Tuto Quiroga, se va a mostrar a los neoliberales como quienes han destruido al país en el pasado y lo están haciendo de nuevo. Y si gana Rodrigo Paz, que incluso está siendo identificado como un ‘masista encubierto’, el discurso será que nuevamente ‘los masistas arruinaron el país’”, explica en referencia al actual partido gobernante.
En la última semana de agosto y los primeros días de septiembre, el Observatorio pudo identificar publicaciones con esta alusión. Por ejemplo, una imagen que se hizo viral en Facebook promovió la narrativa de que Edmand Lara negoció con Evo Morales y sus bases sociales la distribución de cargos públicos. Pero fue calificado como falso porque se manipuló el contenido atribuyéndole a la Red Uno.
La instalación de contenidos falsos y engañosos están moldeando un complejo escenario electoral. “Estamos en una época donde hay verdades a la carta, donde cada persona asume suficientes razones para creer que el otro es el demonio. Y si a esto se suma la desinformación o ese sesgo de que ‘no me interesa si es verdad o no’, es como ponerle gasolina al fuego”, concluye Velasco.
De los 55 contenidos monitoreados en agosto, la mayoría fueron denuncias electorales, entre desinformaciones y conjeturas. Le sigue con una fuerte tendencia la narrativa de polarización, como también la de odio, donde se crean cámaras de eco en torno a las candidaturas y sus líneas políticas.
En el caso de los contenidos sobre polarización, el 76% tiene que ver con la instalación de la narrativa de un fraude electoral. El mínimo del contenido identificado estuvo dedicado al debate sobre propuestas electorales.
“Es algo normal que no se tomen en cuenta los planes de gobierno en las campañas porque juegan mucho las emociones”, explica el politólogo Gonzalo Ávila.
Inteligencia artificial y elecciones
El monitoreo del Observatorio mostró cómo las narrativas que generaron polarización se apropiaron de los discursos en las redes sociales. Facebook y TikTok fueron las plataformas más utilizadas para la difusión de contenido electoral.
El periodista venezolano Víctor Amaya, director editorial de TalCual y fundador de la plataforma de verificación venezolana Espaja, considera que las cámaras de eco terminan como difusoras de propaganda e ideas. En el actual contexto electoral, observa que la inteligencia artificial juega un rol determinante en las plataformas digitales.
“Muchas veces funciona por contrataciones de plataformas digitales para hacer astroturfing, que si bien no son robotizadas son humanamente manejadas, pero con un comportamiento no auténtico”, explica el especialista.
El astroturfing es conocido como una práctica de comunicación en la que un grupo, partido político, empresa o gobierno crea la apariencia de apoyo ciudadano espontáneo para una causa, candidato, producto o idea, cuando en realidad se trata de una estrategia organizada y financiada. “Hay que mencionar también la capacidad de generar cámaras de eco multiplataformas”.
Amaya dice que existen contenidos que son creados en TikTok y compartidos posteriormente en Facebook o X como si estos fueran virales. “Buscan un engagement artificial con respecto a una afirmación falsa”. Es decir, que se pretende una interacción con los usuarios, generando corrientes o movimientos ciudadanos. Y además que se están dando casos de entrenamientos de inteligencia artificial, por ejemplo con Grok, el sistema de X, cuyo consumo se basa en las respuestas de contenido que circulan dentro de esa red social.
Con Grok, por ejemplo, las cuentas no necesitan ser masivas o muy expuestas, pero entablan las primeras conversaciones con el chatbot de determinado tema, de manera que le van generando una influencia. Este tipo de estrategias con el uso de la inteligencia artificial están ayudando a difundir la propaganda política.
Según Amaya, estas prácticas en las redes sociales generan un fuerte impacto en la propia democracia. “Los sectores políticos terminan sin conversar unos con otros y hay ideas que nunca llegan a transmitirse o ser conocidas por todo el espectro electoral social de un país (…). Hay ideas que no salen del cuadrilátero de una tendencia política o candidatura y se pierde en la conversación que viene a ser útil para el electorado”.
Con el uso de la inteligencia artificial, las pequeñas burbujas de usuarios se agrupan bajo la línea de una sola voz, sin dejar espacio al debate de ideas.


